Sally Buberman, la curiosa CEO de Wormhole

Darío Drucaroff 1 Jul 2014 1 comentario

Enseñaba por chat, pero la metodología no le convencía. Hoy su empresa capacita a 200.000 usuarios en 10 países





Sally Buberman, CEO de Wormhole, siempre fue una persona curiosa. Apenas mayor de edad tuvo la necesidad de generar ingresos en su casa, y lo hizo brindando clases de matemática, física y química por chat. Pero la metodología no la convencía... "¿quién puede aprender así?". Pasó poco tiempo y junto a tres socios Sally desarrolló un producto para dar clases a través de Internet, tal como ocurre en las aulas tradicionales. Hoy tiene 32 años, casi es ingeniera electromecánica, y su empresa le factura a más de 1.000 clientes en 10 países.

"Me frustraba cuando me regalaban para mi cumple una Juliana Jardinera. ¿Por qué no una Juliana Ingeniera?", recuerda. "Cualquier cosa que agarraba la desarmaba, por eso escondían todo en mi casa. A los 5 años incendié mi habitación por querer analizar el funcionamiento de una resistencia con la que mi mamá me calentaba la leche para la merienda".

- Pareces un poco curiosa... ¿cómo te iniciaste en el mundo de la educación a distancia?

- A los 22 años trabajaba en una empresa de energía, y cuando falleció mi papá tuve que hacerme cargo de los ingresos de mi casa. Un amigo me recomendó un trabajo para dar clases de matemática, física y química, y me pareció divertido porque era por Internet, algo que no me imaginaba. Pagaban en dólares. Era un chat, y era divertido porque no sabías quién te podía aparecer. Tenía la adrenalina de no saber si te iban a preguntar algo que justo no sabías, y que tendrías que buscar rápido en un libro. Me parecía muy absurdo esto de enseñar así. Entonces me planteé qué pasaría si uno pudiera hacer una herramienta para poder enseñar digitalmente, que replicara la experiencia de un aula tradicional. Había un montón de colegios que tenían aunque sea una computadora con conexión a Internet, en la Dirección, y que no había quién fuera a dar clases ahí. Así empezó la idea de Wormhole.

Mis viejos siempre fueron de cabeza muy abierta. De chica, si quería un auto y una muñeca, si podían me compraban las dos cosas. Los fines de semana me iba con mi papá al autódromo a ver carreras y me metía en los boxes para ver cómo desarmaban el motor.


- ¿Y cómo dio sus primeros pasos la empresa?

- Fue en una competencia de planes de negocios. No tenía idea de lo que era un plan de negocios, pero sí sabía que ese era el camino para hacer crecer esta idea. Empecé a torturar a uno de mis amigos que hacía planes de negocios para que me ayude con mi idea. Le conté de qué se trataba y se enganchó. Nos anotamos. Pasamos todas las instancias y nos asignaron una mentora que nos enseñó qué era un plan de negocios, cómo hacer un estudio de mercado. Quedamos finalistas. Y luego comenzó una nueva competencia vinculada con Microsoft, llamada Imagine Cup, y que además de hacer un plan de negocios tenías que mostrar un prototipo funcional del producto. Entonces el deasfío estaba bueno, porque tenía que hacer tangible mi idea. Pero ninguno de nosotros dos era ingeniero en sistemas, entonces llamamos a Nacho (Ignacio López, CTO), y que trajo una cuarta persona con conocimientos tecnológicos, Maxi (Maxi Menasches, CBO).

Live Learning

- ¿Cuál era el objetivo de este prototipo?

- La idea era que permita acercar los docentes a las aulas y dar clases en vivo, de la misma manera en que lo hacemos en un salón, pero cada uno desde su computadora, o al menos todos los chicos en su computadora, y el docente en donde esté. Tratando de igualar las posibiliades de todos. Una de las cosas que me frustraban era que en Buenos Aires está lleno de cursos para estudiar chino, pero en otras ciudades no existen estas posibilidades. Un poco con esa idea fue que empezamos. Después de unos meses, ganamos con el proyecto en Argentina, luego ganamos la instancia regional, y nos mandaron al mundial a Corea. A la vuelta, con todo el feedback que obtuvimos, decidimos hacer una empresa.

- ¿Con qué capitales comenzaron?

- Habíamos visto mucha película de Hollywood, y salimos a buscar inversiones. Pero rebotamos contra la pared 75 veces, hasta que nos dimos cuenta que en realidad el tema de la plata era un obstáculo que nos poníamos nosotros, y que no existía como tal. Si estás convencido de que lo que hacés está bueno, y que le va a cambiar la vida a alguien, encontrás los medios para desarrollarlo. Entonces renunciaron los dos ingenieros en sistemas y nosotros dos nos quedamos trabajando en nuestras empresas. A fin de cada mes nos dividíamos en cuatro nuestros sueldos, dejábamos un resto importante como ahorro, para convertir ese prototipo en un producto que se pudiera vender. Alos cinco meses ya habíamos renunciado todos, y habíamos contratado a cuatro personas. Ya teníamos nuestros primeros clientes.

- ¿Qué tipo de clientes tenían?

- Fueron los mismos primeros clientes los que nos hicieron notar que lo que veíamos como una problemática de la educación formal en realidad también existía en el mundo de las empresas. Las empresas muy regionalizadas tienen empleados, canales de venta, sucursales, en muchas ciudades del país o de la región. Les resulta muy difícil entrenar a las personas. Y esto es un impacto muy fuerte en las empresas, porque si no entrenan a sus canales de venta, no tienen el conocimiento apropiado para vender un nuevo producto. Pierden plata. Lo mismo con sus recursos humanos. Entonces nos empezamos a enfocar en ofrecer esta herramienta a las compañías para que puedan entrenar a sus empleados y canales de venta.

Hubo equipo

- Entre competencias y desafíos, supieron armar un equipo muy naturalmente. Esto no parece ser tan común.

- El emprendedor suele tener miedo de contar su idea, la pueden robar. Pero hay que tener ganas de robar una idea y dedicar toda tu vida a concretarla... Los cuatro fuimos de entrada muy distintos en este sentido. Y una virtud que tuvimos fue reconocer rápido lo que cada uno no podía hacer. Para los cuatro fue muy natural saber en qué era bueno, compensando las debilidades de los demás.

- ¿Qué podés contarnos sobre la actualidad y el futuro de Wormhole?

- Desde diciembre de 2012 nos convertimos en emprendedores Endeavor y trabajamos sobre hacia dónde ir. Nos dimos cuenta que nuestro gran desafío para los próximos tres a cinco años es el desarrollo regional. Si bien hoy ya estamos en más de 10 países, hay que empezar a desembarcar más formalmente con una estrategia de ventas, algo que para los que venimos de la ingeniería no nos resulta tan fácil. Pero vamos por el buen camino. Hoy somos 22 en el equipo, con clientes en más de 10 países, pensando en abrir oficinas en Brasil antes de fin de año, siempre con mucho trabajo y sacrificio.

En el 2013 Wormhole facturó aproximadamente 700.000 dólares, y se propuso este año duplicar sus ventas. Con más de 1.000 clientes por mes, con alrededor de 200.000 usuarios activos, la empresa almacena 50.000 horas mensuales de clases.

¿Por qué 'Wormhole'?
"Mientras nos preparábamos para el concurso de Microsoft, un viernes a la noche nos llamaron para avisarnos que si no teníamos el nombre del proyecto no viajaríamos a Corea. El sábado casi a la medianoche Nacho propuso como nombre Wormhole, era la forma en la que viajaban entre los distintos planetas en Star Trek. Algo así como un agujero negro pero con salida, nos explicó. De alguna manera el nombre definía lo que hacíamos, porque nuestra idea era acercar a personas que estaban en distintos lugares en un mismo momento. No nos pareció mal. Y con toda la difusión que tuvimos luego del certamen, pasamos a ser 'los chicos de Wormhole', y cuando fundamos la empresa no queríamos perder esa identidad".

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