Adán Levy, ingeniando un mundo mejor

Darío Drucaroff 19 Ago 2014 1 comentario

Maestro, ingeniero, docente y gerente, dio el salto para conjugar su pasión por la ingeniería y el impacto social





Adán Levy tomó coraje y pegó el gran salto. Ingeniero mecánico, maestro, docente y gerente, decidió que era el momento para dar vuelta la página y dedicarse al impacto social. En esta entrevista comparte su historia personal y la de su organización Ingeniería Sin Fronteras Argentina.

- ¿Cuándo te encontraste con la pasión por la ingeniería?

- De chico ya era un nerd. El mejor regalo que me podían hacer era una computadora, cuando aún no existían las PCs. Mis viejos se esforzaron por hacerme llegar cada aparatito nuevo. A los 9, con un amigo, nos quedábamos programando los fines de semana. Ahí nace esto de romper cosas para ver cómo son por dentro. De chico ya tenía esta vocación. Hay gente que hace un examen vocacional para encontrarse con sí misma. A mí me pasaba que me gustaban muchas cosas. Me gustaba mucho la idea de dar clases y ser maestro, la ingeniería y la filosofía. Así que empecé con las tres cosas. Me preguntaban por qué tres cosas tan dispares, creo que porque uno siempre tiene intereses diversos.

- Finalmente decidiste estudiar ingeniería...

- Cuando terminé la secundaria, me gustaba mucho la primaria y el nivel inicial. Me gustaba mucho el ámbito en el que los chicos daban sus primeros pasos en la lectoescritura, y entonces decidí ser docente de nivel inicial, y paralelamente estudiar ingeniería. Calculaba que para la segunda parte de la carrera podría trabajar de maestro y seguir estudiando ingeniería. Me recibí de maestro jardinero y trabajé por tres años mientras terminaba la carrera. Cuando me recibí de ingeniero tuve que optar. Entonces use todo lo que había aprendido en la docencia incial para aplicarlo en la docencia universitaria. La educación universitaria me fascina. Entonces puse todos los cañones en la práctica profesional.

Borrar las fronteras

En el 2001, en plena crisis política y económica en Argentina, Adán estudiaba en el biblioteca de la facultad, cuando miró por la ventana y vió una familia que estaba comiendo de la basura. En ese momento, se hizo la promesa de que algo debía hacer. Diez años después de esa promesa, maestro, ingeniero, docente y gerente de área en una empresa, comprendió que ya era momento de dar el salto y conjugar sus intereses. La pasión por la ingeniería y el impacto social.

Primero buscó un proyecto ya existente al cual pudiera sumarse y aportar sus habilidades ingenieriles. No encontró ninguno como el que se imaginaba, entonces comenzó a armar Ingeniería Sin Fronteras Argentina, una asociación interdisciplinaria que promueve el trabajo voluntario, la participación y el trabajo en colaboración en temas de desarrollo sostenible a partir de un enfoque integral y profesional de los problemas.

- ¿Cómo diste el salto?

- Primero me aterroricé. No tenía la parte económica resuelta y no me daba para vivir sin trabajar. Había juntado algunos mangos y tenía muy poco tiempo para armar todo, hacerlo andar y subsistir. El riesgo era grande, no tenía experiencia, y no era conocido en ese ámbito. El viento no estaba demasiado a favor. Además, existe en la ingeniería una idea de que si uno pierde la cadena de frío luego no puede reinsertarse. Pero la decisión ya estaba tomada desde antes, y no había vuelta atrás.

El espíritu de ISF-Ar

MISIÓN: Colaborar en la construcción de una sociedad justa, inclusiva y solidaria mediante la elaboración participativa de proyectos integrales con base tecnológica. Promover una ingeniería orientada al desarrollo humano sostenible, al cumplimiento de los Derechos Humanos, al cuidado de la naturaleza y al fortalecimiento de las poblaciones en situación de vulnerabilidad. Impulsar un espacio que integre la diversidad y movilice la participación ciudadana.
VISIÓN: En Ingeniería Sin Fronteras Argentina vemos un mundo justo, inclusivo y solidario en el que las comunidades puedan construir en libertad su propio destino, respetando la naturaleza, la diversidad y los derechos de las personas.
VALORES: Desarrollo Sostenible, Equidad, Cooperación, Interdisciplinariedad, Apartidismo y aconfesionalidad


"ISF-Ar es como un niño en pleno crecimiento, al que hay que cambiarle la ropa constantemente, porque ya no le queda. Nos pasa esto todo el tiempo, el crecimiento es eso, repensarse a cada rato, y eso hace que las actividades sean muy intensas", continúa Adán.

- ¿En qué consiste este crecimiento?

- En la cantidad de proyectos en los que trabajamos, en la mirada que uno busca enriquecer en la participación, en el vínculo con las comunidades que se va complejizando, en donde el lazo pasa a tener un mediano y largo plazo. Todo esto produce un constante replanteo, ya que aparecen nuevos actores, nuevos límites y la exploración de nuevos territorios. Es muy distinta la forma en que mirábamos hace un año que la actual. Antes pensábamos con qué tipo de comunidades queríamos vincularnos, y así desarrollábamos proyectos en base a sus necesidades. Hoy se trata de desarrollar ese vínculo y trabajar sobre su autonomía a través de proyectos concretos. Se trata de trabajar un valor aunando las partes con proyectos de ingeniería. Antes el proyecto era un fin, hoy es un medio.

Problemas, soluciones

- ¿Cuáles son las fronteras que rompen de la ingeniería?

- El que empieza a trabajar en ISF-Ar, el primer paso que tiene que dar es calmar su ansiedad de presentar una solución. Hay una interpelación de la figura propia del ingeniero relacionada al veo un problema ergo veo una solución. Acá es vemos un problema, luego lo seguimos viendo, escuchamos profundamente, aprendemos de la situación desde otras miradas, nos juntamos con diversos actores, y todos juntos aportamos nuestras piezas para lograr una solución. También tenemos que romper barreras socioeconómicas, provinciales, con lo federal y lo centralizado. En este sentido el cómo y el por qué son fundamentales para nosotros. El cómo habla de un proceso al hacer las cosas, y de a quién incluir en el medio. Es importante revisar el cómo. El por qué tiene que ver con la mirada del todo, saber que hay un porqué detrás de una función o desarrollo tecnológico.

- ¿Qué cambios propondrías a las universidades en este sentido?

- En los entornos académicos hay mucha energía puesta en Trabajos Prácticos "teóricos", y que bien podrían ser "prácticos". Todas las universidades están rodeadas de entornos complejos con necesidades, con injusticias, y no costaría tanto que cada carrera esté relevando esos problemas y los incorpore a su plan de estudios de tal forma que cuando el estudiante desarrolle su propuesta lo haga sobre una realidad. Incorporar la problemática real a la curricula sería un avance extraordinario. Ya vemos un cambio de óptica, muchas prácticas se están enfocando en lo social y esto las universidades lo ven muy bien. Pero todavía hace falta que haya materias que estudien esta complejidad, una formación más integral y que el ingeniero conozca materias de humanidades y tenga herramienta para abordar esa complejidad.

Un puente

- ¿Cuál es el proyecto de ISF-Ar que más te gusta?

- El de los puentes. Estoy enamorado de este proyecto. Consiste en el desarrollo de unos puentes de acceso vehicular a comunidades aisladas en Santiago del Estero: al no poder acceder camiones para abastecer agua había un importante desabastecimiento, pero además no podían pasar ambulancias, y ningún desarrollo económico era posible. El proyecto tuvo una serie de revelaciones que nos enseñó mucho cómo proceder a futuro. Por ejemplo, esto de incorporar al Estado y a entidades públicas en cada práctica. Pudimos aprender muchas cuestiones, y una conclusión fue que no teníamos que ir con una solución prepensada.



"Escuchar a los pobladores hizo que podamos replantear el proyecto. También involucrar a la mayor cantidad de actores, como a la Universidad de Santiago del Estero, Vialidad, a la escuela rural que nos brindó alojamiento. Tuvo sus dificultades pero logramos una experiencia exitosa y una comunidad fortalecida. Ahora estamos realizando un segundo puente que cierra el círculo virtuoso del proyecto", agregó Adán.



- ¿Seguís siendo un nerd?

- Sí, claro. Entiendo muy bien en dónde se gesta esa pasión por la tecnología, lo vivo en primera persona. Pero incorporar al otro para nosotros fue lo más importante. "Un puente es un hombre cruzando el puente", esta frase de Cortázar define un poco lo que pasamos a sentir.

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